lunes, 18 de marzo de 2013

Princesa



Hija mía debo decirte, que a pesar que piensas que tu Madre está equivocada, y  que por capricho no permite que yo tu padre regrese a su casa, no es así ha sido mi pecado, mi inquinidad,  mis malas obras, y te pido hija mía que la perdones, que la entiendas que en tu sonrisa regrese el gozo.
Eres muy pequeña y aun no entiendes, tus ojitos hermosos aun no pueden ver el daño que he causado, tu sonrisa tranparente como brisa de verano, ilumina mi camino hacia el padre altísimo y sublime que hoy me alza con misericordia.
Si alguna mujer alguna vez levanto mi corazón de la incertidumbre de la sombra fue tu madre, si alguna vez las heridas del alma fueron limpiadas con suma ternura fue ella, si alguien acaricio mi espalda e imploro a Dios por mi salvación también fue ella, compréndela y no contiendas con ella, abrázala y dile que la amas, todo lo ha dado por ti, es el abrazo que Dios dejo para ti es una bendición.
Por mi parte amada hija te pido perdón por mi pasado, por ser débil, por no entregarte el amor que debí darte, mi corazón estaba seco y marchito,  fui egoísta y no valore lo precioso que Dios dejo en mis manos, pero ahora hija soy otro, ahora mi corazón habita en gozo, Cristo me ha redimido, y oro mucho porque nuestro hogar  sea regenerado, y te prometo que si Dios lo permite cambiare los malos recuerdos por felicidad y unidad, y a tu madre la amare  como Cristo amo a su iglesia, la cuidare como flor preciosa, como vaso frágil, Dios me bendijo con hermosas rosas que inundan mi pecho como manantial en calma y ternura, las amo, y no hay nada en mi que no guarde su recuerdo cada día, y nada en mi corazón y mi lengua que no guarde una palabra de cariño y una profunda oración para con ustedes.
  

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